Mi monstruo

Hoy voy a hacer algo que no he hecho nunca, que es responder (bastante tarde) a un post de otro blog. Cuando los blogs estaban en auge, cuando «blogosphere» era la «buzzword» del momento, era algo bastante habitual. Hoy en día no tanto, en la era de las redes sociales. Esta noche es el post original, y es mucho mejor que los desvaríos que pueda escribir yo aquí debajo, así que os invito a leerlo. Mi post no tiene música, pero siempre me ha gustado la banda sonora de Dracula.

Me ha convertido en un monstruo que no me gusta ser pero que tengo que ser si todo sigue igual.

Esta cita me ha acompañado las últimas semanas. Yo también tengo un monstruo.

Bienvenido a mi mente.

Mi monstruo quiere salir, pero yo no le dejo. Mi monstruo es fuerte, pero yo debo ser más fuerte. Mi monstruo quiere decir las cosas que yo no me atrevo a decir. Mi monstruo quiere luchar contra la avaricia de los egoístas, y la tiranía de los hombres malos. Mi monstruo es acción, yo soy reflexión. Mi monstruo es una enfermedad que devora mi mente.

Debo ser fuerte. No puedo perder el control. No puedo perder el control. Perder el control es lo que más miedo me da en la vida. Puede que vaya en dirección contraria. Puede que me haya salido de la carretera. Pero mis manos deben estar en el volante, aunque las ruedas hayan despegado del suelo y todo sea una ilusión.

Siempre he ido por el camino recto. Paso a paso. Baldosa amarilla a baldosa amarilla. Fuera del camino hay arañas, y yo no tengo dardos. Tengo a mi monstruo, y no sé si es lo suficientemente fuerte para luchar contra ellas.

Pero si sigo en el camino, si no pierdo el control, todo irá bien. Aunque esté cayendo de un rascacielos, hasta aquí todo va bien, hasta aquí todo va bien.

A veces me gustaría tirar la toalla. Dormir. Dejar que mi monstruo tome el control, y al infierno con todo. Emborracharme. Hacer una locura, y reírme como tal mientras contemplo ebrio la destrucción que mi monstruo deja a su paso. Hasta que sucumbamos los dos a las heridas. Y descansar.

Pero entonces, ¿quién soy yo? Soy el que mantiene al monstruo bajo control. ¿Soy el monstruo desencadenado? ¿Seguiría siendo yo? No quiero saberlo. Quiero seguir introduciendo números en el ordenador y salvar al mundo. Quiero salvarlo yo, no mi monstruo. Los monstruos no salvan mundos, estúpido.

Mi monstruo no tiene nombre. Podéis llamarle Hulk. Podéis llamarle Mr. Hyde. Podéis llamarle Javier. Mi monstruo soy yo. Yo soy mi monstruo. Pero el mundo no debe ver a mi monstruo. Debe verme a mí, y a la imagen que tengo de mí. No sé cómo es mi monstruo, pero no se parece a mí. Yo no soy un monstruo.

Nunca digas nunca jamás

Llega el final del año, pero antes de que llegue la época de los propósitos de Año Nuevo que siempre abandonamos, hay algo que quiero cambiar en mi forma de vida; algo que llevo semanas, meses, años quizá, notando en mi actitud, y que no me gusta. Algo de lo que he estado hasta orgulloso, y de lo que llevo ya tiempo arrepintiéndome: voy a contracorriente. No me dejo llevar por las corrientes sociales, e incluso miro por encima del hombro a los que lo hacen.

A los que me conocéis no os cogerá de sorpresa saber que nunca voy al cine, que casi no veo series, no leo cómics, no veo pelis de superhéroes, casi no juego a videojuegos, leo poco y cuando lo hago son libros “raros”, siempre escucho la misma música y no descubro nueva, siempre llevo la misma ropa, no fumo, no bebo, no veo la tele, no me interesan los deportes.

Pero lo que más he notado es que, en los últimos años, he dicho muchas veces: “No, no voy a hacer eso”. Y como lo he dicho en alto y bien alto, me he mantenido en mis trece. Y he dejado sea eso lo que me defina. Soy una persona que no hace cosas porque ha dicho que no las va a hacer.

Hay muchas razones para todas estas cosas, y algunas de ellas están fuera de mi control, pero de paso, me regodeo en mi crapulencia (jo, qué ganas de usar esa expresión en un contexto adecuado).

¿Y sabéis qué? Cuando miras a la gente por encima del hombro desde un caballo alto, te crees superior, pero no dejas de ser un idiota con tortícolis que no sabe cabalgar. Y todos los demás se lo están pasando en grande ahí abajo, y estás deseando bajar del caballo y unirte a la fiesta, pero sabes que si bajas del caballo te vas a caer, y los demás se van a reír de ti y… ¿de qué estaba yo hablando? Ah sí, de caballos. Digo, de propósitos.

Me llamo Javier Quintana y soy un hater. El primer paso es reconocerlo. Algunos ejemplos.

Star Wars

Cuando he empezado a escribir estas líneas —porque esto va a ir para largo—, acabo de volver del estreno de Star Wars: El Despertar de la Fuerza. Como alguno ha descubierto en twitter, he ido al estreno, pero no he estado en el estreno. Cuando mis amigos me preguntaron si quería comprar entradas, no sólo dije que no: dije que yo nunca iba al cine, que solo veía películas en versión original, y que no iba a ver esa película jamás de los jamases, ni aunque me regalaran la entrada, ni aunque me pagaran dinero por ir, que no me la iba a comprar después y que ni siquiera me la iba a descargar. Y si me la bajaba sin querer porque era un fake de otra cosa, la iba a borrar. No he visto ningún teaser o trailer, y las fotos, gifs animados, noticias y comentarios que encontraba por ahí me irritaban profundamente.

Por poner las cosas en perspectiva, fui al estreno de La Amenaza Fantasma siete veces (todavía tengo las entradas por ahí), y fui varias veces a ver las otras dos. Compré la Edición Especial en VHS dos veces: una en pantalla completa y otra en widescreen. He jugado campañas del juego de rol que han durado más de un año de mi vida y han utilizado diferentes sistemas de juego. Pasaba horas leyendo y jugando con la Behind the Magic. Una de mis posesiones más preciadas es un cartel de lona de más de dos metros de la famosa imagen promocional de la sombra de Anakin/Vader.star-wars-phantom-menace-concept-poster

¿Qué cambió? Sobre todo, que Star Wars se hizo popular. Me refiero a más popular. O tal vez debería decir socialmente aceptado. Ya no era rarito. Ya no era especial.

Y además, tenía montones de excusas. Disney, precisamente Disney, compra Lucasfilm (y de paso, los derechos del Monkey Island, snif). El Universo Expandido que tanto había disfrutado, deja de ser canon y pasan a ser meras Leyendas. “Leyendas” suena bien, pero “mata” todo aquello en lo que había invertido tanto tiempo y que tanto había disfrutado. La gente, las masas, disfrutarán de las nuevas historias, pero a mi parece que no me quieren con ellos. Pues muy bien, sea. “¡No voy a ir a ver la nueva de Star Wars!”. Ya lo he dicho. Hala.

Pero empiezan las noticias. Se conoce al director. Se filtran imágenes. Teasers. Todo el mundo hablando del sable con guarda. Del droide bola tan mono. Más trailers. Más noticias. Y yo, estoico. Aguantando. Paso. No quiero saber nada. Dejaré que pase sobre mi y a través de mi.

Y llega un momento en el que escribo este tweet. Y no me gusta ser esta persona.

No sé muy bien qué pretendía al escribirlo. Supongo que buscaba que alguien me preguntara por qué lo había hecho, como el niño que se porta mal para llamar la atención de sus padres.

Y aquí estoy. La gente haciendo planes para una revisión en 3D, y yo aquí, escribiendo. Sería tan fácil comprar una entrada… (suponiendo que quedaran).

Canción de Fuego y Hielo

Yo ya tenía el libro de Juego de Tronos antes de que fuera cool (empiezo a notar un patrón aquí). Mi edición es del Círculo de Lectores del año 2006. Pero no lo había leído porque era un tocho y no sabía mucho sobre él ni su autor, aunque ya se empezaba a oír a hablar de ambos. Y además hay segunda y tercera parte y está la saga sin acabar y paso. Cuando salgan todos ya me los leeré, que luego pasa como con Dune y La Rueda del Tiempo (que por aquel entonces estaba en el limbo). Será por libros.

Y mis amigos empiezan a hablar de los libros y empiezan a recomendármelos. Y es ahí cuando digo que “Gracias por la recomendación, seguro que están muy bien, pero no, de momento no los voy a leer“. Y ya lo he dicho. Dicho queda. Escrito en piedra.

Y de repente, la serie. El juego de rol. El de tablero. El de cartas. El de ordenador. Fotos. Memes. Spoilers. Pestañas de navegador cerradas a toda prisa cuando hablan de Sean Bean. El enano es el puto amo. El autor está gordo y se va a morir y escribe muy lento.

Y yo de verdad que quiero leer los libros, esta vez no he dicho que no, he dicho que voy a esperar a que estén todos. Así que no quiero saber nada sobre ellos, muchas gracias. Pero la gente empieza a recitar lemas de los Guardianes de nosequé. Algo de un muro. Que llega el invierno. Que si no sabes nada, Jon Snow. Pues eso, que no quiero saber nada. Dragones. Zombis viejunos. Bodas de colores. Que no voy a ir, Gandalf, que me dejes en paz.

Pero Internet machaca. Y machaca. Y tus amigos empiezan a discutir sobre esto y lo otro y no puedes participar y miras la pantalla del móvil tratando de cambiar de tema. “¿Vas a leer el libro? Entonces no te cuento nada, pero es que… mmm…”. Y ves que ellos quieren compartir algo bueno contigo, pero tú no das tu brazo a torcer. Y empiezas a asociar los libros y la serie y todo el merchandising con la irritación que mencionaba anteriormente.

Y la gente empieza a dar por hecho que yo he leído los libros o he visto la serie. Con lo friki que soy yo, ¿cómo no lo voy a haber leído? Pero al menos la serie sí, ¿no? Y yo empiezo a sentirme bien al interrumpirles y decirles que no, que yo no. Caras de confusión. Satisfacción.

Pero al mismo tiempo, me quedo al margen en esas conversaciones. No comparto la excitación de los demás por un final de temporada, o un episodio esperado. No sé quienes son esos personajes de los fanart. Configuro redes sociales y navegadores para que oculten spoilers. Durante meses. Años. Muy divertido todo.

Incluso estuve de espectador en una Comic Con en un panel con varios actores de la serie, sin enterarme de la misa la media, y en la sesión de firmas posterior. ¿Por qué? ¿Porque estaba en otro país y nadie me veía? ¿Qué estaba buscando yo allí? ¿A mi?

Y todo por no leerme cinco mil paginitas de nada. ¿Por qué no empezar ahora mismo? ¿Cuánto puedo tardar?

A Song of Ice and Fire

El Hobbit: El libro basado en la película basada en el libro o Historia de una ida, una vuelta, tú hazme caso, que es por aquí, y ya nos hemos perdido

“El Hobbit” es uno de mis libros favoritos. Recuerdo esperar impaciente a la fecha en la que había pedido que me lo regalaran, y recuerdo pasar toda la tarde de aquel mismo día leyéndolo de una sentada hasta que lo terminé, bien entrada la noche. Recuerdo traducir (¡sin ayuda!) las runas de la primera página, encontrar un error en mi edición, y confirmarlo abriendo todas las ediciones posteriores en todas las librerías y bibliotecas por las que pasaba, hasta que lo corrigieron y pude confirmar que tenía razón (recordad, ¡entonces no había Internet!).

El Hobbit

Cuando anunciaron las dos, luego tres, películas que iban a sacar del libro, el cambio de director, los actores que volvían de la otra trilogía sin venir a cuento (qué bien traído), los enanos guaperas, el cambio de tono, los 48 fotogramas por segundo, y los orcos digitales, me negué: “No, no voy a ir a ver ninguna de las películas nunca jamás”. Y al igual que con Star Wars, hoy es el día en el que no he visto ni un solo trailer.

El consenso por Internet parece ser que efectivamente, las películas no gozan de alta estima, a pesar de haber sido éxitos de taquilla. Incluso su director reniega un poco de ellas. Entonces, tenía yo razón, ¿no? Palmaditas en la espalda, lleváoslo chumachos, pasemos a otra cosa. ¿Qué hago hablando de esas películas a estas alturas?

Pues bien, las razones por las que no vi esas películas son similares a las de los puntos anteriores. Y me comporté como un capullo. Y no me gusta. Y no puedo criticar algo sin haberlo probado, sin ser un hipócrita.

Ya no voy a poder compartir la excitación de los primeros trailers, ni la espera entre película y película, ni los tumblrs, y el fandom poco menos que está muerto o moribundo. A lo mejor es que en el fondo sigo queriendo ir contracorriente ahora que las pelis ya no son cool.

La Furia de Kung, Sharknadon’t

Este verano estuve en la/el Euskal Encounter, donde se proyectaron Kung Fury, Sharknado 3 y otras películas en las pantallas grandes. Una experiencia que pude disfrutar junto a miles de personas, y sin embargo sufrí. De Sharknado 3 era incluso el estreno. Yo me marché o me puse los auriculares para no verlas ni oírlas. Vale que hubo problemas técnicos, pero Kung Fury está en YouTube, y mis compañeros de fila fueron a ver Sharknado 3 a posteriori en las pantallas de atrás, y yo me negué a ir con ellos. “No, es que no he visto las dos primeras”, bromeé. Pero dentro de mi estaba ese “esas películas son una mierda y no merecen que pierda mi tiempo con ellas”. Así que perdi mi tiempo en otro lado, haciendo nada, probablemente.

Hubo un tiempo en que fui fan del cine gore. Compraba la Fangoria, leía sesudos artículos sobre la Troma, iba a festivales de cortos amateurs… pero crecí (o eso pensaba yo). Eso ya no era para mi, yo disfrutaba de películas más serias y más elevadas, que disfrutaba a niveles que otros no podían entender.

Si no hubiera sido tan obtuso, podría haber disfrutado de estas y otras películas con mis amigos. Tendría experiencias positivas que recordar. Ahora tengo recuerdos negativos de eso mismo, y las tengo que ver yo solo, lo cual indudablemente afecta a la experiencia de su visionado. Supongo que es un castigo apropiado.

EA, Origin, Mass Effect, y otras chicas del montón

¿Por dónde empezar? Esta compañía ha hecho muchas cosas que me desagradan profundamente: cerrar servidores un poco demasiado rápido, impedir que la gente pudiera descargar contenido que habían pagado, microtransacciones absurdas y usuarios engañados para dejar reviews con mayor puntuación… además, si te mueves por ciertos círculos de Internet, es fácil leer comentarios pidiendo el boicot de los productos de la compañía, y eso acaba condicionando tu forma de pensar. Yo soy yo, y mis circunstancias son mis circunstancias. O eso.

En mi caso, me sentí traicionado cuando ya les había comprado los dos primeros Mass Effect en Steam, y debido a discusiones por los beneficios entre compañías, decidieron llevarse el Scattergories y el Mass Effect 3 y nunca publicarlo en Steam. O sea, que si quería tener los tres juegos, no podían estar todos “en la misma caja”, a no ser que los volviera a comprar (aunque después los juegos de Steam se pudieran activar en Origin). Para colmo, el juego no recibió muy buenas críticas inicialmente. Se acabó:

“Origin nunca jamás va a estar instalado en ninguno de mis ordenadores”.

¡Y me da igual los juegos que regaléis, no me vais a engañar con vuestras baratijas!

Pero hombre, fueron los primeros en ofrecer reembolso de juegos y eso está bien, y el servicio técnico puede dar vueltas en círculo alrededor del de Valve “los bans del VAC son finales; ya, pero yo no te he preguntado eso” Software. Cuando una compañía hace las cosas bien, hay que reconocerlo, porque no puedes dar siempre palos y nunca zanahorias, o se te muere el burro, y ahora están en peligro de extinción, pobrecicos.

Y recuerdo cuando Steam era criticado por ser obligatorio para jugar a cierto juego muy esperado, que es exactamente la situación del Scattergories mencionada arriba. Doble rasero.

Bajarme de este burro es tan fácil como hacer doble click. Y siguiente varias veces. Y aceptar el acuerdo de licencia que leeré apasionadamente cuando termine los libros de ASoIaF.

Para el que no se lo crea, este soy yo instalando Origin por primera vez.
Para el que no se lo crea, este soy yo instalando Origin por primera vez.

Hala, instalando. ¿A que no ha dolido tanto?

LoLes, Piedras de chimenea, Clanes Chocantes, Caramelo en Polvo, Pájaros, Plantas, Zombies y Niños Rata

Yo no juego a esos juegos de casuals. Estoy por encima de ello. Yo juego a juegos mucho más complejos: de rol, de estrategia, deckbuilders… Esos otros son Free to Pay. Pay to Win. Amirite?

“Yo no juego a esos juegos”.

Pero… algo tiene el agua cuando la bendicen. Hidrógenos, Hidrógenos y Oxígenos y dipolos. La gente está enganchada a esos juegos y yo no los conozco más que de oídas, ¿cómo puedo criticarlos? Claro que lo último que quiero es engancharme a cosas que me hagan perder el tiempo, pero de ahí a no instalarlos jamás, de creerme superior a otros por no hacerlo…

Nota: LoL para mi siempre será Lands of Lore. Un respeto a las canas.

Fumar y beber y drogarme y cosas de mala vida

Puede que de aquí venga una parte de todo esto. De pequeño dije firmemente que nunca iba a fumar ni a beber y todos los adultos me aplaudían y me daban palmaditas en la cabeza. Yo creo que en el fondo, no me creían. Y llegado el momento no lo hice, y fue muy difícil. Y me alegro mucho. Y cuesta mucho dinero. Y ya soy mayorcito para empezar ahora.

Aquí voy a seguir subido en mi burro. Pero ojo, no creo haber mirado a los demás por encima del hombro en este sentido, y ciertamente, no lo hago ahora. Vosotros sabréis. Pero no me echéis el humo.

Miscelánea

Hay montones de pequeños ejemplos más. Pero hasta ahora, tened por seguro que cada vez que surgía un nuevo fenómeno en Internet, cada vez que se anunciaba un nuevo lanzamiento, cada vez que la gente a mi alrededor estaba excitada por algo, yo ponía los ojos en blanco, exhalaba aire por la nariz, y miraba a otro lado. Y cada vez que volvía a encontrarme con estas cosas, mi irritación y mi negatividad aumentaba.

Con un poco de ayuda de mis amigos

¿Por qué he publicado todo esto de forma… pública? Porque es un manifiesto. Una declaración de intenciones. Una forma de hacerme responsable de lo que quiero hacer, y de rendir cuentas cuando no lo haga. Lo cual quiere decir que cuando me oigáis decir que no voy a hacer algo, o que yo no soy de ese tipo de gente, o cosas similares, tenéis mi permiso para interrumpirme y recordarme lo que he escrito aquí.

Y en parte también lo he escrito para pediros disculpas si alguna vez he sido un borde con algo que os gusta.

Ilusión

Estoy cansado de nadar contracorriente. Quiero volver a ser joven. Quiero volver a ilusionarme por las cosas. Quiero marcar fechas en el calendario que espere con ilusión, no fechas que me causen ansiedad y temor. Quiero ser positivo. Y feliz. Y quiero serlo con vosotros.

Gracias.

RSS, adicciones, procrastinación… ¿conclusión?

Estos últimos días, le he estado dando vueltas a un problema personal que tenemos muchos, y todo empezó de la forma más inocente, hablando de que no tengo tiempo para leer porque lo dedico a Internet. Analizándolo, me fui dando cuenta de cuál era el problema de base, y no quiero terminar la serie sin comentar los pasos que he dado para empezar a solucionarlo. Continúa leyendo RSS, adicciones, procrastinación… ¿conclusión?

Nunca leo… libros

Y sin embargo, paso la mayor parte de mi tiempo leyendo. ¿Cómo puede ser eso? En dos palabras: Internet.

Cuando era pequeño, pasaba la mayor parte de mi tiempo leyendo libros. Los leía varias veces, hasta desgastarlos, sabiéndome pasajes enteros de memoria sin quererlo. Sin embargo, hace ya más de un año que leí mi último libro. Y no es por falta de ganas, ni de buenos libros por leer.

Pero miro mis feeds RSS en Google Reader, y me quedan 174 artículos pendientes, porque ayer me relajé un poco y se me han juntado los de dos días. La mayoría de esos artículos los salto o los leo por encima, pero muchos los leo por completo. Y aunque lo único que haga sea detenerme brevemente y leer por encima cada uno, lleva una cantidad de tiempo enorme. Y eso que he reducido mis feeds a solo veinte, y eso incluyendo las dos de este blog. Continúa leyendo Nunca leo… libros

La primera vez

Tranquilidad, que no voy a hablar de cosas raras.[ref]Aunque pensándolo, seguramente a mucha gente le pase lo mismo que a mí en otras facetas, y se puede sacar la misma conclusión.[/ref] Hoy, en un capítulo más de “Javier y sus manías” [ref]Creo que debería haber llamado así al blog.[/ref], voy a hablaros de otra: la importancia que le doy a La Primera Vez, así en mayúscula.

¿A qué me refiero con La Primera Vez? Seguro que habéis oído la expresión: “La primera impresión es la que cuenta”. Para mí es muy importante la primera vez que veo una película, o leo un libro, o juego a un juego, o escucho un disco… ese tipo de actividades. Temo que si no son perfectas, marcarán mi posterior relación con esa obra, y que puede que lo que pudiera haber sido mi película favorita, sea odiada por mí el resto de mi vida solo porque no le di una segunda oportunidad, porque la Primera Vez no fue perfecta. Continúa leyendo La primera vez

Recuerdos del futuro pasado

Entroncando con lo de ayer, a veces me gusta fantasear con lo que pasaría si pudiera viajar al pasado (algo imposible físicamente, lo sé) y me pudiera dar a mí mismo uno de los aparatos que damos por sentados hoy en día. Aquel chaval que se gastaba lo poco que tenía en jugar a una recreativa, o tenia que ir a casa de sus amigos a jugar al Spectrum, o al Amstrad, o a la Master System. Aparezco yo, y me doy a mí mismo una PSP liberada con una tarjeta llena de emuladores y roms y un par de UMD, o mi iPhone, que incluso sin WiFi ni 3G seguiría teniendo 32 GB llenos de libros, cómics, música y juegos con los que no hubiera podido ni soñar. Continúa leyendo Recuerdos del futuro pasado

El billete falso

Permitidme que os cuente una pequeña anécdota, de la que fui testigo ayer.

Cuando me hallaba caminando hacia mi casa, el hombre que iba delante mío se agachó a recoger algo del suelo. Me llamó la atención porque no había notado que se le hubiera caído nada. Seguimos caminando unos metros y poco después, dejó caer algo al suelo, un papel doblado. Cuando llegué a su altura, le eché un vistazo de reojo y comprendí: por un lado, el papel tenía la imagen de un billete de 20 euros, por el otro propaganda de vaya usted a saber qué. El falso billete quedó allí tirado, en medio de la acera. Poco después, el hombre desaparecía tranquilamente en un portal.

De camino a casa, pensé que debería haber recogido el papel, y haciéndome el tonto, habérselo devuelto diciendo: “perdone, se le ha caído”. Pero no lo hice, y el falso billete quedó ahí en el suelo, esperando a su siguiente víctima.

Horrores tipográficos

Hasta hace relativamente poco, era feliz respetando la ortografía y la gramática, y sintiéndome satisfecho con mis escasos escritos, pero eso cambió cuando aprendí que además de las reglas ortográficas y gramaticales, también hay reglas tipográficas, que hasta entonces violaba alegremente. Resulta que durante todos estos años, las había ignorado casi por completo, prácticamente ni siquiera sabía que existían. Continúa leyendo Horrores tipográficos

Gente

Observo a la gente. A veces un goteo constante, a veces un torrente que fluye. Para mí no significan nada, son solo gente. A veces creo ver una cara conocida, y deja de ser gente, pero la mayor parte del tiempo no importan. Son gente.

Pero a veces hago un esfuerzo, y la gente deja de ser gente y se convierte en personas. Cada una de esas personas tiene una historia detrás, que puede ser tan apasionante como cualquier otra historia. Si pudiera hablar con alguno de ellos, podrían contarme anécdotas, darme consejos, enseñarme algo que desconozco, asombrarme con alguna habilidad…

Ignoro que esa niña que va de la mano de su madre, sonriendo, tiene problemas en el colegio. Ese anciano que camina con dificultad vio a su hermano morir en la guerra y a él estuvieron a punto de fusilarlo. Aquel hombre que enciende un pitillo conoce la forma perfecta de defraudar a Hacienda. Esa otra chica fue una atleta profesional, pero tuvo que dejarlo por una lesión… pero poco a poco, sus caras se difuminan y vuelven a ser gente.

Ahora pienso en mis amigos, que no son gente. Pero no han sido siempre mis amigos, antes también eran gente. Puede que aquel que se sentó delante mío en el cine y no me dejaba ver, años después me preste una película. Aquel imbécil que cogió por los pelos la última copia de la película que iba a alquilar, pasado el tiempo me invita a un café porque quiere pedirme un favor. Puede que mi mejor amigo y yo hayamos estado años yendo en el mismo vagón de tren, sin hablarnos. La mayoría de mis amigos estuvo en aquel concierto, puede que alguno fuera el que me pisó un pie, o al que le tiré el vaso sin querer. La de años que nos hemos perdido de poder disfrutar de nuestras compañías por no habernos conocido antes…

Muchos de los que fueron mis amigos, hoy son gente. Gente que no me saluda por la calle, gente que no pita cuando pasa a mi lado con el coche, gente a la que no recuerdo cuando me hablan de ella, gente que me suena pero que no caigo. Gente.

Dejo de observar y me mezclo con ellos. Yo también soy gente.

Mala memoria

Todavía no he comentado por aquí que hace poco mi ordenador de sobremesa dejó de funcionar (bueno, en algún comentario). Estos días he estado tirando de iPad y mi viejo netbook para poder escribir aquí, que también yo tengo que tomar la decisión de hacerlo cuando menos medios tengo.

Ayer, en uno de esos momentos en los que te llevas la palma de la mano a la cara, también conocidos como «facepalm», me dí cuenta de que todavía tenía mi vieja placa base y procesador por ahí. No la que tenía antes del ordenador estropeado, que esa la «doné», sino los de mi ordenador anterior. Yo pensando en cómo conseguir una, y resulta que la tenía a pocos metros cogiendo polvo…

No es mucho para los estándares de hoy en día, pero hasta que tenga algo mejor igual puedo tirar con él. El caso es que llevo toda la tarde haciendo un Frankenstein con todas las piezas que tengo por ahí, testeando memorias, haciendo sitio en un disco duro, intentando que la placa reconozca dispositivos serial ata 2, que arranque desde la unidad de DVD… que por cierto, no ha habido manera, pero he conseguido enchufar la grabadora de DVD a una caja de disco duro USB y arrancar desde USB.

En cuanto acabe de escribir esto, intentaré instalar un sistema operativo, controladores, etc. pero al menos ahora puedo decir que vuelvo a tener ordenador de sobremesa.

Sé que todo esto suena a excusa por no haber escrito hoy y hay una buena razón para ello: es exactamente lo que es.

Y para no decir nada interesante, podría no haber escrito nada. En otras circunstancias lo habria hecho, pero sigo adelante escribiendo al menos un post al día, porque sé que en cuanto empiece a fallar, se acabó.

No estoy muy orgulloso de hacer trampa, pero la ventaja de tener un blog personal es que puedo escribir cualquier cosa: incluso excusas.

Ya os lo compensaré. Tengo grandes cosas en mente, pero el problema es sacarlas, que se escurren y no hay manera…