El niño que aprendió a leer sabiendo

Ignorad el artículo de hoy si no os interesa mi vida. Tampoco hay ninguna lección que aprender, ni una anécdota que poder contar. Las cosas simplemente, fueron. Pero si alguien alguna vez se pregunta por qué hago las cosas como las hago, tal vez esto le ayude. A mí, desde luego, no.

Me gusta leer. Mi relación con la lectura comenzó pronto, cuando aprendí a leer con tres años sin que nadie me enseñara formalmente. Yo simplemente preguntaba qué ponía en un letrero, en un titular, o en un tebeo y alguien, generalmente mi madre, me lo leía. Mi tierno y hoy en día maltrecho cerebro procesó toda aquella información y así, cuando empecé a ir a la escuela con cuatro años, yo ya sabía leer “de carrerilla”.

Sin embargo, cuando empezamos a aprender con el método con el que se enseñaba entonces, primero las letras, luego las sílabas, la pe con la a, pa, la cartilla y todo eso, sucedió algo curioso, y es que a pesar de saber leer, “aprendí otra vez” al ritmo de mis compañeros. Obviamente, no recuerdo los detalles, pero supongo que, como yo era un niño muy bueno y hacía siempre lo que me decían, y por imitación de mi entorno, empecé a leer como el resto de mis compañeros, lentamente, sílaba a sílaba. Aunque luego llegaba a casa y me lo pasaba pipa leyendo los tebeos de los Pitufos, del Pato Donald o de Mortadelo y Filemón. Era una especie de superhéroe, que por el día iba a clase con los demás niños, y por la tarde devoraba todo lo que tuviera letras, junto con la merienda (ah, Tulicrem, cómo te echo de menos).

Cuando nos llamaba la profesora a leer la lección, yo acudía con mi cartilla, y me señalaban con el dedo lo que tenía que ir leyendo, para que no me equivocara de renglón. Así, yo iba leyendo: “Mi-ma-má-me-mi-ma-yo-mi-mo-a-mí-ma-má”. Nadie sospechaba que yo estaba por encima de aquello, ni mi profesora, que veía a un niño normal, tal vez algo por encima de la media, ni mis padres, que me veían leer tan feliz en casa.

Un buen día, por fin terminé con las cartillas. La profesora nos mandó a varios alumnos que compráramos nuestro primer cuento, un libro normal, sin las ayudas para aprender a leer, las separaciones entre sílabas y demás. Aquella tarde, fui con mi madre al quiosco (hoy en día sigue abierto, pero ya solo venden tabaco) y elegí uno entre varios cuentos. Recuerdo que era de patos, probablemente sería “El Patito Feo”. También recuerdo que estaba contento, probablemente porque lo considerara algún tipo de premio.

Aquella tarde, mi madre, como tantas otras tardes, se sentó conmigo y me pidió que le leyera el cuento. Como eso de leer en voz alta se me daba tan bien, empecé, orgulloso: “Ha-bí-a-u-na-vez-un-pa-ti-to”… Nunca olvidaré aquel momento, aunque es cada vez más difuso en mi memoria. Recuerdo dónde estábamos sentados, recuerdo que la portada del cuento era azul, pero sobre todo recuerdo la sorpresa que se llevó mi madre al oírme leer tan mal, y su correspondiente enfado. Yo no entendía nada, mi madre me pidió que volviera a empezar: “Ha-bí-a-u-na-vez”… Me preguntó que por qué leía así, que yo sabía leer bien, ¿acaso no sabía yo leer “Había una vez un patito”…? Con los ojos llorosos, por fin entendí lo que quería mi madre y empecé a leer correctamente. Mi madre se puso contenta por fin, y me explicó que esa era la forma correcta de leer, que no tenía por qué leer como los otros niños. Mañana, me dijo, cuando vayas a la mesa de la profesora a leer, hazlo como lo acabas de hacer.

Y así lo hice. El día transcurrió de la forma habitual hasta que llegó el momento en el que yo, armado con mi pequeño libro en mis pequeñas manos, leí en voz alta por primera vez correctamente en el colegio. De este momento de triunfo sin embargo no recuerdo gran cosa. Creo que la profesora también se llevó una sorpresa, puede que llamara a algún otro profesor para que me oyera.

Lo que sé con seguridad, y esto es porque me lo han contado a posteriori, es que la profesora llamó a mi madre para hablar con ella, cosa que hizo. Acusó a mi madre de obligarme a leer, de forzarme, estaba loca, cómo se le ocurría. Mi madre, que no se cortaba un pelo, le respondería que ella no había forzado a nadie, que yo aprendí solo. Sé que mi profe al principio no le creyó, aquello era imposible…

Al final, todo se aclaró y yo nunca más volví a leer de aquella manera. Sé que tiempo después, la dirección del centro planteó a mis padres adelantarme de curso, pero eso suponía dejar atrás a mis amigos, y eligieron que continuara en el curso que correspondía a mi edad. Creo que hicieron bien, bastante me costaba relacionarme con los demás.

La verdad es que no sé por qué he escrito todo esto, si yo cuando me he sentado iba a escribir sobre otra cosa completamente diferente. Nunca me ha gustado hablar de ello, a mucha gente le parecía pedante o presumido cuando lo hacía o lo hacían otros por mí. Supongo que ya ha pasado el tiempo suficiente, y he tocado fondo lo suficiente como para que a nadie le parezca que esté presumiendo. Lo siento si ha dado esa impresión.

Post a Day 2011

 

Está claro que uno no puede hacer algo original hoy en día. Acabo de enterarme de que WordPress ha comenzado al terminar el año un desafío para los bloggers: escribir un post al día, todos los días, durante 2011. ¿Os suena familiar?

En realidad son dos desafíos, en función del grado de dedicación:

  • Post a Day 2011: Escribe un nuevo artículo en tu blog al día durante 2011.
  • Post a Week 2001: Escribe un nuevo artículo en tu blog a la semana durante 2011.

El que quiera apuntarse a uno de los dos al desafío solo tiene que hacer dos cosas:

  • Escribir un artículo en su blog diciendo que participa.
  • Utilizar el tag postaday2011 o postaweek2011 en cada uno de los artículos que escriba.

Mi opinión

Por supuesto, me parece una buena idea; sería absurdo criticar la iniciativa, cuando yo mismo estoy haciéndolo. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo: La opinión en los comentarios que leo por Internet está dividida entre los que opinan que es una iniciativa excelente, y los que opinan que para lo único que servirá es para crear artículos basura, carentes de calidad ni contenido. A los primeros les diría que los segundos llevan parte de razón. A los segundos les digo que en nuestras manos está el que no sea así. De acuerdo, si no le pones ningún esfuerzo, la iniciativa solo sirve para crear más basura en internet, pero si lo intentas, aunque sea un poquito, de esos 365 artículos, por fuerza alguno tiene que ser bueno. Puede que alguno sea incluso muy bueno. Y puede que ese articulo tan bueno nunca hubiera visto la luz si su creador no hubiera escrito otros 364 artículos-basura. ¿Compensa? Yo creo que sí.

Quiero ser Ed


¿Habéis visto el biopic homónimo sobre Edward D. Wood Jr. que dirigió Tim Burton? Cada vez que veo esa película, Ed me parece un ejemplo a seguir. No en lo de llevar jerseys de angora, que pican mucho, sino en su entusiasmo. A pesar de su falta de medios, y posiblemente de talento, Ed no se rindió. Puede que al final no se salvara ni una sola de sus películas, pero no se puede negar que consiguió grandes cosas: conoció y dirigió a Bela Lugosi en su último papel, su nombre pasó a los anales de la historia del cine, fue interpretado por Johnny Depp en una película de Tim Burton, y hasta consiguió que hicieran un videojuego sobre su película más famosa años después de que fuera estrenada. No está mal para “el peor director de la historia del cine”, ¿verdad? Si Ed se hubiera dado por vencido después de leer las criticas de sus primeras obras de teatro, no estaría yo hoy escribiendo sobre  él, años después de su muerte.

¿Me apunto?

La pregunta que me he estado haciendo todo el día es: ¿me apunto al desafío? Al fin y al cabo, los artículos ya los voy escribiendo, solo me queda poner el tag… Y ese tipo de iniciativas suelen atraer tráfico y lectores a los blogs, y a casi todo el mundo que escribe, le gusta que le lean…

Después de mucho cavilar, la respuesta, definitivamente, es no, y os explico por qué. En primer lugar, aunque sea una tontería, quiero dejar claro que la idea se me ocurrió a mí solo, no es algo que me haya impuesto nadie. En segundo lugar, no quiero dar la impresión de que escribo solamente para superar un desafío, o por seguir una moda. Es cierto que me voy a obligar a escribir aunque no quiera, pero es que en el fondo, sí quiero hacerlo. Tiene más que ver con el perfeccionismo y la reticencia a emprender cosas que comentaba ayer que con un simple reto.

Por eso, el único post que va a ir con el tag es el de hoy (a no ser que vuelva a hablar sobre el tema en días venideros).

El blog de las ideas

Por suerte, algo hay que puedo aprovechar de todo esto. WordPress practica con el ejemplo, y ha empezado un blog en el que, a diario, da ideas de temas sobre los que escribir, para esos días en los que nos enfrentamos a la pantalla en blanco. Espero que no me haga falta utilizarlo muy a menudo, pero es un buen recurso del que poder echar mano eventualmente.

PS: Es curioso que en WordPress hayan elegido como imagen una máquina de escribir QWERTZ.

Crisis de identidad

Mi nombre es Neo
Agente Smith: ¿Puede oirlo, señor Anderson? Es el sonido de lo inevitable. Es el sonido de su muerte. Adiós, señor Anderson.Neo: Mi nombre... es Neo.

Una de mis películas favoritas es The Matrix, y una de mis escenas favoritas durante mucho tiempo, fue la que veis junto a estas líneas.

Dejando de lado la inevitabilidad y el determinismo, temas recurrentes en la trilogía, recuerdo que cuando ví la escena por primera vez, asentí con la cabeza, con una sonrisa en los labios. Sabía exactamente cómo se sentía Neo, porque yo me sentía igual. Neo renunciaba a su nombre de pila, Thomas A. Anderson, para pasar a llamarse como él había elegido: Neo, su alias en Internet.

En aquellos momentos, yo también tenía un nick que usaba para todo: correo electrónico, foros, IRC, mensajería instantánea, juegos online… y tenía multitud de razones para usar un alias: estaba de moda, lo hacía todo el mundo, y los medios de comunicación nos decían que era de locos dar tus datos personales en internet, porque todo tipo de maníacos podrían usar esa información para espiarnos, y las empresas urdirían todo tipo de planes, estudios de mercado y dispositivos de control mental; si podían asociar tu nombre y tus gustos, estabas perdido.

Y pasaron los años, y ese nick con el que tanto me identificaba dejó de ser tan apropiado. Cambiaron mis gustos y mis aficiones, y me empecé a relacionar con otra gente, que a su vez tenían apodos con otros orígenes e inspiraciones, y traté de cambiarlo. Ignoraba que cambiar un apodo es muy difícil, como podrá confirmar cualquiera a quien alguna vez le hayan puesto un mote. Pero pensé que si mantenía el apodo nuevo, al final se impondría. Estaba en un error. Y lo peor es que mis gustos empezaron a derivar otra vez, y las nuevas comunidades estaban confusas con mi segundo alias, demasiado largo y difícil de pronunciar, y empezaron a usar abreviaturas que no me gustaban… Y mientras tanto, los que me conocían por el primer apodo, seguían usándolo. Un caos.

Y a todo esto se une madurar, estudios, búsqueda de empleo y demás. Necesitas una dirección de correo seria para los curricula, y para intercambiar con tus compañeros y profesores, para apuntarte a cursos y charlas… total, que acabas con dos direcciones de correo: una personal y otra profesional.

Últimamente, cualquiera que suela utilizar las redes sociales se habrá dado cuenta de que realmente, la privacidad no es tan importante. Evidentemente, hay fronteras que no hay que traspasar, pero las líneas son cada vez más borrosas. Lo que unos atesoran férreamente, otros lo divulgan alegremente. Surgen las dudas: ¿Es tan importante el anonimato en Internet? ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Con tanto ruido alrededor, alguien se va a fijar en mí? Y las ventajas: Es mucho más fácil relacionarte con las personas que te importan si en primer lugar permites a esas personas relacionarse contigo; antiguos amigos que se reencuentran en Facebook, familiares olvidados que se felicitan las fiestas, ex-compañeros de trabajo que se ofrecen empleos…

Y por último, y esto es lo más determinante, estoy cansado del anonimato en Internet, y creo que es uno de sus mayores males, como explica muy bien la imagen de Penny Arcade.

La gente se vuelve idiota cuando no se le puede hacer responsable de sus actos, o en el caso de Internet, de sus palabras. Es como esas películas del hombre invisible, en las que siempre se dedica a hacer la vida imposible a los demás, amparado por su… eso es, por su anonimato.

Estoy cansado de eso, y no quiero contribuir más a ello. Por eso, a partir de ahora lo firmaré todo con mi nombre, y aceptaré cualquier consecuencia derivada de ello. Bueno, realmente lo llevo haciendo ya un tiempo, pero ahora es oficial. Lo pone en un blog, así que es oficial :). Y sí, de ahí viene también en gran parte el usar mi dominio y mi nombre para este blog.

Así que ahora ya solo esbozo media sonrisa melancólica cuando veo The Matrix. Smith ha ganado: me llamo Javier. Javier Quintana. Honraré a mis antepasados y llevaré su apellido con orgullo. Etcétera.

Post Scriptum: Para los que me seguís llamando por alguno de mis antiguos apodos, sois libres de seguir haciéndolo, llamadme como más cómodo os resulte.