Gente

Observo a la gente. A veces un goteo constante, a veces un torrente que fluye. Para mí no significan nada, son solo gente. A veces creo ver una cara conocida, y deja de ser gente, pero la mayor parte del tiempo no importan. Son gente.

Pero a veces hago un esfuerzo, y la gente deja de ser gente y se convierte en personas. Cada una de esas personas tiene una historia detrás, que puede ser tan apasionante como cualquier otra historia. Si pudiera hablar con alguno de ellos, podrían contarme anécdotas, darme consejos, enseñarme algo que desconozco, asombrarme con alguna habilidad…

Ignoro que esa niña que va de la mano de su madre, sonriendo, tiene problemas en el colegio. Ese anciano que camina con dificultad vio a su hermano morir en la guerra y a él estuvieron a punto de fusilarlo. Aquel hombre que enciende un pitillo conoce la forma perfecta de defraudar a Hacienda. Esa otra chica fue una atleta profesional, pero tuvo que dejarlo por una lesión… pero poco a poco, sus caras se difuminan y vuelven a ser gente.

Ahora pienso en mis amigos, que no son gente. Pero no han sido siempre mis amigos, antes también eran gente. Puede que aquel que se sentó delante mío en el cine y no me dejaba ver, años después me preste una película. Aquel imbécil que cogió por los pelos la última copia de la película que iba a alquilar, pasado el tiempo me invita a un café porque quiere pedirme un favor. Puede que mi mejor amigo y yo hayamos estado años yendo en el mismo vagón de tren, sin hablarnos. La mayoría de mis amigos estuvo en aquel concierto, puede que alguno fuera el que me pisó un pie, o al que le tiré el vaso sin querer. La de años que nos hemos perdido de poder disfrutar de nuestras compañías por no habernos conocido antes…

Muchos de los que fueron mis amigos, hoy son gente. Gente que no me saluda por la calle, gente que no pita cuando pasa a mi lado con el coche, gente a la que no recuerdo cuando me hablan de ella, gente que me suena pero que no caigo. Gente.

Dejo de observar y me mezclo con ellos. Yo también soy gente.

2 comentarios en “Gente”

  1. He pensado estos dias en esta idea. Ya la había pensado antes, y aunque pase como con ciertas drogas, que cada vez es menos impactante la sensación, no deja de ser un pensamiento increible. Hace dos semanas sin ir mas lejos, en la tienda en la que trabajaba (tenía estructura serpenteante y dirección única como IKEA) un compañero me confesó: “A veces me gusta quedarme inmovil durante unos segundos y tan solo observar a la gente. Unos van, otros miran, otros dudan… pero ninguno sabe que lo observo”. “¿Es como si detubieras el tiempo verdad? le dije. Me respondió sólo con una sonrrisa.

    1. Son las dos cosas. Es fascinante observar el comportamiento en masa de la gente, sus hábitos que son predecibles y se cumplen independientemente de los individuos… como por ejemplo cuando observas a la gente irse sentando en el autobús, siempre lo más alejados los unos de los otros, y las dudas cuando ya no quedan sitios y tienen que compartir asiento…

      Pero me parece mucho más poderosa la reflexión sobre la amistad. En un mundo paralelo, podríamos no ser amigos tú y yo. Podríamos hasta caernos mal… Esa chavala tan guapa que hoy no sabe quién soy, si las cosas hubieran sido de otra manera, podría ser mi esposa y madre de dos hijos… Esa gente que no es nadie y que no te importa nada, podrían ser las personas más imprescindibles de tu vida…

      Pasa también con esas imágenes del telediario sobre guerras en países lejanos. Ese hombre que grita a la cámara en un lenguaje incomprensible, podría haber sido mi mejor amigo si yo hubiera nacido allí. El cuerpo tirado en el suelo podría ser el de mi padre. El niño que juega delante de los soldados podría ser mi hijo si hubiera hecho un viaje y conocido allí a la mujer de mi vida. Pero no lo son, y cambio de canal. No me importan, o aunque me importen, es un sentimiento de pena, o de caridad, o de remordimiento. No de angustia, ni de pánico, ni de terror por mis allegados. El mismo locutor que da paso a los deportes, es uno que sale por la tele, sin más. No una persona cuya madre acaba de morir, o cuyo hijo está enfermo, o cuyo amante le espera a la salida.

      Detrás de todos y cada uno de nosotros, hay una historia que merece ser contada.

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