Nunca digas nunca jamás

Llega el final del año, pero antes de que llegue la época de los propósitos de Año Nuevo que siempre abandonamos, hay algo que quiero cambiar en mi forma de vida; algo que llevo semanas, meses, años quizá, notando en mi actitud, y que no me gusta. Algo de lo que he estado hasta orgulloso, y de lo que llevo ya tiempo arrepintiéndome: voy a contracorriente. No me dejo llevar por las corrientes sociales, e incluso miro por encima del hombro a los que lo hacen.

A los que me conocéis no os cogerá de sorpresa saber que nunca voy al cine, que casi no veo series, no leo cómics, no veo pelis de superhéroes, casi no juego a videojuegos, leo poco y cuando lo hago son libros “raros”, siempre escucho la misma música y no descubro nueva, siempre llevo la misma ropa, no fumo, no bebo, no veo la tele, no me interesan los deportes.

Pero lo que más he notado es que, en los últimos años, he dicho muchas veces: “No, no voy a hacer eso”. Y como lo he dicho en alto y bien alto, me he mantenido en mis trece. Y he dejado sea eso lo que me defina. Soy una persona que no hace cosas porque ha dicho que no las va a hacer.

Hay muchas razones para todas estas cosas, y algunas de ellas están fuera de mi control, pero de paso, me regodeo en mi crapulencia (jo, qué ganas de usar esa expresión en un contexto adecuado).

¿Y sabéis qué? Cuando miras a la gente por encima del hombro desde un caballo alto, te crees superior, pero no dejas de ser un idiota con tortícolis que no sabe cabalgar. Y todos los demás se lo están pasando en grande ahí abajo, y estás deseando bajar del caballo y unirte a la fiesta, pero sabes que si bajas del caballo te vas a caer, y los demás se van a reír de ti y… ¿de qué estaba yo hablando? Ah sí, de caballos. Digo, de propósitos.

Me llamo Javier Quintana y soy un hater. El primer paso es reconocerlo. Algunos ejemplos.

Star Wars

Cuando he empezado a escribir estas líneas —porque esto va a ir para largo—, acabo de volver del estreno de Star Wars: El Despertar de la Fuerza. Como alguno ha descubierto en twitter, he ido al estreno, pero no he estado en el estreno. Cuando mis amigos me preguntaron si quería comprar entradas, no sólo dije que no: dije que yo nunca iba al cine, que solo veía películas en versión original, y que no iba a ver esa película jamás de los jamases, ni aunque me regalaran la entrada, ni aunque me pagaran dinero por ir, que no me la iba a comprar después y que ni siquiera me la iba a descargar. Y si me la bajaba sin querer porque era un fake de otra cosa, la iba a borrar. No he visto ningún teaser o trailer, y las fotos, gifs animados, noticias y comentarios que encontraba por ahí me irritaban profundamente.

Por poner las cosas en perspectiva, fui al estreno de La Amenaza Fantasma siete veces (todavía tengo las entradas por ahí), y fui varias veces a ver las otras dos. Compré la Edición Especial en VHS dos veces: una en pantalla completa y otra en widescreen. He jugado campañas del juego de rol que han durado más de un año de mi vida y han utilizado diferentes sistemas de juego. Pasaba horas leyendo y jugando con la Behind the Magic. Una de mis posesiones más preciadas es un cartel de lona de más de dos metros de la famosa imagen promocional de la sombra de Anakin/Vader.star-wars-phantom-menace-concept-poster

¿Qué cambió? Sobre todo, que Star Wars se hizo popular. Me refiero a más popular. O tal vez debería decir socialmente aceptado. Ya no era rarito. Ya no era especial.

Y además, tenía montones de excusas. Disney, precisamente Disney, compra Lucasfilm (y de paso, los derechos del Monkey Island, snif). El Universo Expandido que tanto había disfrutado, deja de ser canon y pasan a ser meras Leyendas. “Leyendas” suena bien, pero “mata” todo aquello en lo que había invertido tanto tiempo y que tanto había disfrutado. La gente, las masas, disfrutarán de las nuevas historias, pero a mi parece que no me quieren con ellos. Pues muy bien, sea. “¡No voy a ir a ver la nueva de Star Wars!”. Ya lo he dicho. Hala.

Pero empiezan las noticias. Se conoce al director. Se filtran imágenes. Teasers. Todo el mundo hablando del sable con guarda. Del droide bola tan mono. Más trailers. Más noticias. Y yo, estoico. Aguantando. Paso. No quiero saber nada. Dejaré que pase sobre mi y a través de mi.

Y llega un momento en el que escribo este tweet. Y no me gusta ser esta persona.

No sé muy bien qué pretendía al escribirlo. Supongo que buscaba que alguien me preguntara por qué lo había hecho, como el niño que se porta mal para llamar la atención de sus padres.

Y aquí estoy. La gente haciendo planes para una revisión en 3D, y yo aquí, escribiendo. Sería tan fácil comprar una entrada… (suponiendo que quedaran).

Canción de Fuego y Hielo

Yo ya tenía el libro de Juego de Tronos antes de que fuera cool (empiezo a notar un patrón aquí). Mi edición es del Círculo de Lectores del año 2006. Pero no lo había leído porque era un tocho y no sabía mucho sobre él ni su autor, aunque ya se empezaba a oír a hablar de ambos. Y además hay segunda y tercera parte y está la saga sin acabar y paso. Cuando salgan todos ya me los leeré, que luego pasa como con Dune y La Rueda del Tiempo (que por aquel entonces estaba en el limbo). Será por libros.

Y mis amigos empiezan a hablar de los libros y empiezan a recomendármelos. Y es ahí cuando digo que “Gracias por la recomendación, seguro que están muy bien, pero no, de momento no los voy a leer“. Y ya lo he dicho. Dicho queda. Escrito en piedra.

Y de repente, la serie. El juego de rol. El de tablero. El de cartas. El de ordenador. Fotos. Memes. Spoilers. Pestañas de navegador cerradas a toda prisa cuando hablan de Sean Bean. El enano es el puto amo. El autor está gordo y se va a morir y escribe muy lento.

Y yo de verdad que quiero leer los libros, esta vez no he dicho que no, he dicho que voy a esperar a que estén todos. Así que no quiero saber nada sobre ellos, muchas gracias. Pero la gente empieza a recitar lemas de los Guardianes de nosequé. Algo de un muro. Que llega el invierno. Que si no sabes nada, Jon Snow. Pues eso, que no quiero saber nada. Dragones. Zombis viejunos. Bodas de colores. Que no voy a ir, Gandalf, que me dejes en paz.

Pero Internet machaca. Y machaca. Y tus amigos empiezan a discutir sobre esto y lo otro y no puedes participar y miras la pantalla del móvil tratando de cambiar de tema. “¿Vas a leer el libro? Entonces no te cuento nada, pero es que… mmm…”. Y ves que ellos quieren compartir algo bueno contigo, pero tú no das tu brazo a torcer. Y empiezas a asociar los libros y la serie y todo el merchandising con la irritación que mencionaba anteriormente.

Y la gente empieza a dar por hecho que yo he leído los libros o he visto la serie. Con lo friki que soy yo, ¿cómo no lo voy a haber leído? Pero al menos la serie sí, ¿no? Y yo empiezo a sentirme bien al interrumpirles y decirles que no, que yo no. Caras de confusión. Satisfacción.

Pero al mismo tiempo, me quedo al margen en esas conversaciones. No comparto la excitación de los demás por un final de temporada, o un episodio esperado. No sé quienes son esos personajes de los fanart. Configuro redes sociales y navegadores para que oculten spoilers. Durante meses. Años. Muy divertido todo.

Incluso estuve de espectador en una Comic Con en un panel con varios actores de la serie, sin enterarme de la misa la media, y en la sesión de firmas posterior. ¿Por qué? ¿Porque estaba en otro país y nadie me veía? ¿Qué estaba buscando yo allí? ¿A mi?

Y todo por no leerme cinco mil paginitas de nada. ¿Por qué no empezar ahora mismo? ¿Cuánto puedo tardar?

A Song of Ice and Fire

El Hobbit: El libro basado en la película basada en el libro o Historia de una ida, una vuelta, tú hazme caso, que es por aquí, y ya nos hemos perdido

“El Hobbit” es uno de mis libros favoritos. Recuerdo esperar impaciente a la fecha en la que había pedido que me lo regalaran, y recuerdo pasar toda la tarde de aquel mismo día leyéndolo de una sentada hasta que lo terminé, bien entrada la noche. Recuerdo traducir (¡sin ayuda!) las runas de la primera página, encontrar un error en mi edición, y confirmarlo abriendo todas las ediciones posteriores en todas las librerías y bibliotecas por las que pasaba, hasta que lo corrigieron y pude confirmar que tenía razón (recordad, ¡entonces no había Internet!).

El Hobbit

Cuando anunciaron las dos, luego tres, películas que iban a sacar del libro, el cambio de director, los actores que volvían de la otra trilogía sin venir a cuento (qué bien traído), los enanos guaperas, el cambio de tono, los 48 fotogramas por segundo, y los orcos digitales, me negué: “No, no voy a ir a ver ninguna de las películas nunca jamás”. Y al igual que con Star Wars, hoy es el día en el que no he visto ni un solo trailer.

El consenso por Internet parece ser que efectivamente, las películas no gozan de alta estima, a pesar de haber sido éxitos de taquilla. Incluso su director reniega un poco de ellas. Entonces, tenía yo razón, ¿no? Palmaditas en la espalda, lleváoslo chumachos, pasemos a otra cosa. ¿Qué hago hablando de esas películas a estas alturas?

Pues bien, las razones por las que no vi esas películas son similares a las de los puntos anteriores. Y me comporté como un capullo. Y no me gusta. Y no puedo criticar algo sin haberlo probado, sin ser un hipócrita.

Ya no voy a poder compartir la excitación de los primeros trailers, ni la espera entre película y película, ni los tumblrs, y el fandom poco menos que está muerto o moribundo. A lo mejor es que en el fondo sigo queriendo ir contracorriente ahora que las pelis ya no son cool.

La Furia de Kung, Sharknadon’t

Este verano estuve en la/el Euskal Encounter, donde se proyectaron Kung Fury, Sharknado 3 y otras películas en las pantallas grandes. Una experiencia que pude disfrutar junto a miles de personas, y sin embargo sufrí. De Sharknado 3 era incluso el estreno. Yo me marché o me puse los auriculares para no verlas ni oírlas. Vale que hubo problemas técnicos, pero Kung Fury está en YouTube, y mis compañeros de fila fueron a ver Sharknado 3 a posteriori en las pantallas de atrás, y yo me negué a ir con ellos. “No, es que no he visto las dos primeras”, bromeé. Pero dentro de mi estaba ese “esas películas son una mierda y no merecen que pierda mi tiempo con ellas”. Así que perdi mi tiempo en otro lado, haciendo nada, probablemente.

Hubo un tiempo en que fui fan del cine gore. Compraba la Fangoria, leía sesudos artículos sobre la Troma, iba a festivales de cortos amateurs… pero crecí (o eso pensaba yo). Eso ya no era para mi, yo disfrutaba de películas más serias y más elevadas, que disfrutaba a niveles que otros no podían entender.

Si no hubiera sido tan obtuso, podría haber disfrutado de estas y otras películas con mis amigos. Tendría experiencias positivas que recordar. Ahora tengo recuerdos negativos de eso mismo, y las tengo que ver yo solo, lo cual indudablemente afecta a la experiencia de su visionado. Supongo que es un castigo apropiado.

EA, Origin, Mass Effect, y otras chicas del montón

¿Por dónde empezar? Esta compañía ha hecho muchas cosas que me desagradan profundamente: cerrar servidores un poco demasiado rápido, impedir que la gente pudiera descargar contenido que habían pagado, microtransacciones absurdas y usuarios engañados para dejar reviews con mayor puntuación… además, si te mueves por ciertos círculos de Internet, es fácil leer comentarios pidiendo el boicot de los productos de la compañía, y eso acaba condicionando tu forma de pensar. Yo soy yo, y mis circunstancias son mis circunstancias. O eso.

En mi caso, me sentí traicionado cuando ya les había comprado los dos primeros Mass Effect en Steam, y debido a discusiones por los beneficios entre compañías, decidieron llevarse el Scattergories y el Mass Effect 3 y nunca publicarlo en Steam. O sea, que si quería tener los tres juegos, no podían estar todos “en la misma caja”, a no ser que los volviera a comprar (aunque después los juegos de Steam se pudieran activar en Origin). Para colmo, el juego no recibió muy buenas críticas inicialmente. Se acabó:

“Origin nunca jamás va a estar instalado en ninguno de mis ordenadores”.

¡Y me da igual los juegos que regaléis, no me vais a engañar con vuestras baratijas!

Pero hombre, fueron los primeros en ofrecer reembolso de juegos y eso está bien, y el servicio técnico puede dar vueltas en círculo alrededor del de Valve “los bans del VAC son finales; ya, pero yo no te he preguntado eso” Software. Cuando una compañía hace las cosas bien, hay que reconocerlo, porque no puedes dar siempre palos y nunca zanahorias, o se te muere el burro, y ahora están en peligro de extinción, pobrecicos.

Y recuerdo cuando Steam era criticado por ser obligatorio para jugar a cierto juego muy esperado, que es exactamente la situación del Scattergories mencionada arriba. Doble rasero.

Bajarme de este burro es tan fácil como hacer doble click. Y siguiente varias veces. Y aceptar el acuerdo de licencia que leeré apasionadamente cuando termine los libros de ASoIaF.

Para el que no se lo crea, este soy yo instalando Origin por primera vez.
Para el que no se lo crea, este soy yo instalando Origin por primera vez.

Hala, instalando. ¿A que no ha dolido tanto?

LoLes, Piedras de chimenea, Clanes Chocantes, Caramelo en Polvo, Pájaros, Plantas, Zombies y Niños Rata

Yo no juego a esos juegos de casuals. Estoy por encima de ello. Yo juego a juegos mucho más complejos: de rol, de estrategia, deckbuilders… Esos otros son Free to Pay. Pay to Win. Amirite?

“Yo no juego a esos juegos”.

Pero… algo tiene el agua cuando la bendicen. Hidrógenos, Hidrógenos y Oxígenos y dipolos. La gente está enganchada a esos juegos y yo no los conozco más que de oídas, ¿cómo puedo criticarlos? Claro que lo último que quiero es engancharme a cosas que me hagan perder el tiempo, pero de ahí a no instalarlos jamás, de creerme superior a otros por no hacerlo…

Nota: LoL para mi siempre será Lands of Lore. Un respeto a las canas.

Fumar y beber y drogarme y cosas de mala vida

Puede que de aquí venga una parte de todo esto. De pequeño dije firmemente que nunca iba a fumar ni a beber y todos los adultos me aplaudían y me daban palmaditas en la cabeza. Yo creo que en el fondo, no me creían. Y llegado el momento no lo hice, y fue muy difícil. Y me alegro mucho. Y cuesta mucho dinero. Y ya soy mayorcito para empezar ahora.

Aquí voy a seguir subido en mi burro. Pero ojo, no creo haber mirado a los demás por encima del hombro en este sentido, y ciertamente, no lo hago ahora. Vosotros sabréis. Pero no me echéis el humo.

Miscelánea

Hay montones de pequeños ejemplos más. Pero hasta ahora, tened por seguro que cada vez que surgía un nuevo fenómeno en Internet, cada vez que se anunciaba un nuevo lanzamiento, cada vez que la gente a mi alrededor estaba excitada por algo, yo ponía los ojos en blanco, exhalaba aire por la nariz, y miraba a otro lado. Y cada vez que volvía a encontrarme con estas cosas, mi irritación y mi negatividad aumentaba.

Con un poco de ayuda de mis amigos

¿Por qué he publicado todo esto de forma… pública? Porque es un manifiesto. Una declaración de intenciones. Una forma de hacerme responsable de lo que quiero hacer, y de rendir cuentas cuando no lo haga. Lo cual quiere decir que cuando me oigáis decir que no voy a hacer algo, o que yo no soy de ese tipo de gente, o cosas similares, tenéis mi permiso para interrumpirme y recordarme lo que he escrito aquí.

Y en parte también lo he escrito para pediros disculpas si alguna vez he sido un borde con algo que os gusta.

Ilusión

Estoy cansado de nadar contracorriente. Quiero volver a ser joven. Quiero volver a ilusionarme por las cosas. Quiero marcar fechas en el calendario que espere con ilusión, no fechas que me causen ansiedad y temor. Quiero ser positivo. Y feliz. Y quiero serlo con vosotros.

Gracias.