Obsolescencia programada

En 1982, Ridley Scott estrenaba la película de culto Blade Runner, basada en un libro de 1968, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick. He leído el libro, pero recuerdo mucho mejor la película (lo siento, Philip). Supongo que todos la habréis visto ya, así que no importará que hable de una de sus escenas clave.

Durante toda la película, Roy busca la respuesta a una pregunta: ¿Cuánto tiempo me queda? Roy pertenece a la serie 6 de la clase Nexus, y ha descubierto que se diseñó con un tiempo de vida limitado. La respuesta no le satisface mucho: cuatro años. La corporación Tyrell tenía una buena razón para acortar la vida de sus replicantes: sabían que la inteligencia de sus creaciones les haría ansiar la libertad, e introdujeron su obsolescencia programada como una forma de control. Cuando Roy finalmente acepta su destino, su deseo de vivir se transforma en el deseo de ser recordado, y por eso salva a Deckard de la muerte. Por algo el lema de la compañía era: “Más humanos que los humanos”.

Los humanos

Nuestro tiempo de vida también es limitado (utilizo “nuestro” aún sabiendo que este texto no solo lo van a leer humanos). Estamos programados también para durar poco, y lo sabemos. Cuanto más alargamos nuestras vidas, más enfermedades aparecen derivadas de ello. Las células degeneran con el paso del tiempo, los tejidos se rompen, los huesos se vuelven quebradizos, perdemos la capacidad de reproducirnos, el cristalino del ojo se empaña, el cerebro… no estamos diseñados para durar.

Hay un buen motivo para ello. Si fueras un dios y tu vida fuera eterna, el periodo de tiempo en el cual la vida durara en un planeta sería para tí tan breve como un parpadeo. Si quisieras que la vida evolucionara lo máximo posible en ese breve periodo de tiempo, acortarías la vida de cada generación. Estamos diseñados para reproducirnos y entremezclar nuestro ADN una y otra vez, dando resultados cada vez mejores, cada generación estadísticamente un poco mejor que la anterior. Somos un experimento de un ser superior.

Nosotros también nos aprovechamos de ello. Diseñamos máquinas capaces de realizar millones de operaciones en un segundo, y creamos algoritmos genéticos cuya función es introducir pequeñas variaciones en un diseño, evaluar y producir cada vez diseños mejores. El tiempo de vida de cada una de estas generaciones es infinitesimálmente pequeño, para que podamos obtener una utilidad en nuestras infinitesimálmente cortas vidas.

Obsolescencia programada

Pero, ¿a qué viene todo esto? ¿Qué es la obsolescencia programada?

Los fabricantes de los productos que consumimos quieren vender el máximo número de ellos al mayor precio posible, pero la competencia de los mercados en una sociedad capitalista tiende a hacer bajar los precios (y la inflación a elevarlos). Los márgenes de beneficio se reducen, así que hay que vender más productos. Pero si el consumidor no necesita comprar más productos porque todavía le sirven los que ya ha comprado, el fabricante no puede venderlos. Se produce una contradicción, así que el fabricante introduce una obsolescencia en el mismo. Bien sea reduciendo la duración, o reduciendo la utilidad. Así, cada cierto tiempo, los consumidores han de volver a comprar los mismos productos.

Esto no pasa en todos los mercados. Los alimentos, por ejemplo, son perecederos ya de por sí, y el consumidor, de todas formas, ha de consumirlos o morirá de hambre. Por eso podemos ver fechas de caducidad larguísimas en ciertos productos.

Podemos observar que en los mercados en los que la duración de cada generación es más corta, se producen avances más rápidamente. Es sencillo: pensad en cuántas veces habéis cambiado de ordenador o de teléfono móvil en los últimos diez años. Ahora pensad en cuántas veces habéis cambiado de coche. Esa es una de las razones por la que los procesadores duplican su potencia cada dieciocho meses y los coches no.

¿Es mala la obsolescencia programada? Sí y no. Los consumidores nos indignamos al pensar que nos están vendiendo productos diseñados mal adrede, pero nos alegramos al tener un teléfono móvil con más potencia de la que tenía un ordenador de sobremesa hace diez años. Muchos también se alegran de tener puestos de trabajo vendiendo, montando, embalando o transportando esos productos. Sin embargo, el lado más oscuro (y sucio) de esa filosofía es la generación de residuos. Nos han educado y condicionado para pensar que tener más es mejor. Y el que no se lo crea, que busque en Internet una de las numerosas discusiones sobre discos, películas o videojuegos en formato físico o en descarga digital.

Pero ya me estoy extendiendo demasiado una vez más, y alguien ha realizado el trabajo por mí, así que os dejo con el documental que inició este artículo, gracias a Aitor. Gracias de verdad, por cierto, nunca habría visto ese documental si no hubiera tenido que escribir sobre él.

[box style=”red warning rounded shadow”]En el momento de escribir el artículo, el documental estaba disponible en YouTube. Desde entonces, ha sido retirado en numerosas ocasiones por infringir los derechos de autor de sus propietarios, así que he retirado el enlace.[/box]

9 comentarios en “Obsolescencia programada”

    1. Muy bien el post. Me doy por satisfecho :D y agradecido me siento. A mi unos “Camper” me duraron 9 años, me compró otros y al de un año ya empiezan a romperse… mmmm Espero que todo el mundo que sigue este blog (¿tienes contador de visitas? (es lo que mas mola de tener un blog)) vea el video de obsolescencia programada. GRACIAS one more time!

      1. Tengo todo tipo de estadísticas inútiles, que no sé ni leer, gracias a Google Analytics. Por algún lado estarán las visitas :D

        Gracias a ti, como ya digo, no habría visto el vídeo si no hubiera tenido que escribir sobre él.

  1. Yo creo que la obsolescencia programada es recrearse en la mediocridad. Si haces las cosas para no durar tienes la venta hecha y no necesitas esforzrate, al fin y al cabo, has creado la necesidad y ahora hay demanda de tu producto.

    La mayoría de los productos de hoy en día, aunque ahora me centre en los tecnológicos, entre cambio y cambio, salvo contadas excepciones generalmente debidas a mejoras por la competencia, solo han cambiado la carcasa de las cosas y agregado el último firmware del producto.

    ¿No sería mucho mejor erradicar la Obsolescencia y atraer a la gente por las nuevas funcionalidades, nuevos desarrollos y nuevas mejoras, asegurando además la calidad de la empresa por la durabilidad de ese mismo producto? Yo recuerdo que antes, la gente se compraba un Mercedes, un BMW o un Volvo porque eran coches “para toda la vida”. Ahora la gente se compra uno de estos vehículos y no duran más que un Renault, un Citroen o un Seat. Y esto es aplicable a todo, podemos cambiar las marcas de coches por marcas de electrodomésticos, Miele, Siemmens o Bosch no duran más que Aspes, Fagor o Balay.

    Ahora compramos diseño, no funcionalidad. Cuando queremos un televisor nuevo, comparamos entre todos los modelos del mercado y compramos aquello que más nos llama la atención. Cuando se nos rompe un televisor y necesitamos uno nuevo, buscamos uno de unas dimensiones muy concretas: Que tenga un conector HDMI, 2 Euroconectores, conexión VGA o DVI para enchufarle el ordenata y que sea HDTV (eso es lo que buscaba cuando compré la última tele), unas funcionalidades muy concretas. En el momento en el que tenemos 3 modelos para elegir, repetimos lo de antes, no nos importa tanto qué funcionalidad nos aporta, podemos prescindir de un USB y usar un ladrón USB, sino cuanto de más cuesta que el más barato y qué diseño tiene, además de confiar en la seguridad de una marca (casi siempre más cara) que, como he dicho en el párrafo anterior, no va a durar más que la barata.

    Hace tiempo, en una revista de barrio leí un artículo de Jesús Valencia, un periodista bastante radical, pero no por ser radical todo lo que diga es malo. Os pongo un extracto que me pareció muy interesante y que en cierta forma, explica porqué contribuimos a la obsolescencia programada en lugar de hacer como el protagonista del reportaje de Informe Semanal y buscar una solución para su impresora.

    Ideólogos e ideologizados, hemos dado por buena la misma escala de valores por la que se rige este inhumano modelo de sociedad. Hemos jurado fidelidad al consumo como valor absoluto, a la ostentación como rango de distinción social, al dinero - aunque sea hipotecado - como herramienta para alcanzarlos objetivos anteriores, a la frivolidad como estilo de vida, a la agresividad sin sentido como exhibición y culto al absurdo (¡Cuantos atropellos para ser filmados con el móvil!), a la indiferencia y falta de compromiso como forma de eludir los problemas colectivos.

    Nunca hemos tenido más datos sobre las barbaridades que se comenten a fecha de hoy y nunca hemos sido tan insensibles a ellas.

    Me gustó el texto.

  2. ¿No sería mucho mejor erradicar la Obsolescencia y atraer a la gente por las nuevas funcionalidades, nuevos desarrollos y nuevas mejoras, asegurando además la calidad de la empresa por la durabilidad de ese mismo producto?
    Las funcionalidades y los nuevos desarrollos, están muchas muchas veces esperando sobre una mesa para ser dados con cuentagotas, para incentivar la compra “por actualizarme, por miedo a quedarse anticuado, …”.
    Las bajadas o subidas de los precios, apesar de ser ilegal, se pactan entre compañías.
    Buen resumen el de Jesus Valencia. Como dice la canción, ” … radical significa ir a la raiz de la cosas, ver las causas, los efectos … ”
    La gente se duerme, culpa al gran hermano, se insensibiliza… y no hacemos (casi) nada.
    Ala. Me voy duchar y a seguir luchando por la livertad.

  3. A ambos os digo: Por supuesto. Pero hay muchos motivos para que no sea así, y el principal somos nosotros mismos.

    Nosotros, que poco después de la compra de ese monitor, empezamos a ver pantallas 3D (por decir algo) y empezamos a decir: “bah, no lo necesito, con este tengo para un montón de años, y todavía tengo uno mejor que el de el resto de mis amigos”. Pero, a medida que la obsolescencia va haciendo que los monitores de nuestros amigos se vayan “estropeando” y los vayan cambiando, nuestra opinión se va transformando en: “Jo, y yo con este aquí, prácticamente recién comprado, pero es que los otros se ven tan bien…”

    ¿Cuántas veces habéis oído eso de “Jo, a ver si se me rompe ya el móvil, que ando con este cacharro…”? Cuando finalmente se estropea, no es motivo de disgusto, sino de alegría: por fin tenemos la excusa para comprar uno nuevo.

    Lo mismo pasa con las neveras: “pues fulanita tiene una no-frost que no hay que descongelar”, y con las consolas de videojuegos: “Me cogería la Nintendo 3DS, pero todavía tengo la vieja y no la voy a tirar, a ver si se rompe”. Y con los coches: “Y ahora tengo que adaptarlo a la nueva gasolina, me da que me voy a coger uno nuevo”. Y con montones de otras cosas: “… más lento que el caballo del malo, cualquier día lo cambio”.

    Estamos deseando que se nos rompan las cosas. Somos nosotros los que queremos la obsolescencia, aunque jamás lo admitiremos.

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