Crisis de identidad

Mi nombre es Neo
Agente Smith: ¿Puede oirlo, señor Anderson? Es el sonido de lo inevitable. Es el sonido de su muerte. Adiós, señor Anderson.Neo: Mi nombre... es Neo.

Una de mis películas favoritas es The Matrix, y una de mis escenas favoritas durante mucho tiempo, fue la que veis junto a estas líneas.

Dejando de lado la inevitabilidad y el determinismo, temas recurrentes en la trilogía, recuerdo que cuando ví la escena por primera vez, asentí con la cabeza, con una sonrisa en los labios. Sabía exactamente cómo se sentía Neo, porque yo me sentía igual. Neo renunciaba a su nombre de pila, Thomas A. Anderson, para pasar a llamarse como él había elegido: Neo, su alias en Internet.

En aquellos momentos, yo también tenía un nick que usaba para todo: correo electrónico, foros, IRC, mensajería instantánea, juegos online… y tenía multitud de razones para usar un alias: estaba de moda, lo hacía todo el mundo, y los medios de comunicación nos decían que era de locos dar tus datos personales en internet, porque todo tipo de maníacos podrían usar esa información para espiarnos, y las empresas urdirían todo tipo de planes, estudios de mercado y dispositivos de control mental; si podían asociar tu nombre y tus gustos, estabas perdido.

Y pasaron los años, y ese nick con el que tanto me identificaba dejó de ser tan apropiado. Cambiaron mis gustos y mis aficiones, y me empecé a relacionar con otra gente, que a su vez tenían apodos con otros orígenes e inspiraciones, y traté de cambiarlo. Ignoraba que cambiar un apodo es muy difícil, como podrá confirmar cualquiera a quien alguna vez le hayan puesto un mote. Pero pensé que si mantenía el apodo nuevo, al final se impondría. Estaba en un error. Y lo peor es que mis gustos empezaron a derivar otra vez, y las nuevas comunidades estaban confusas con mi segundo alias, demasiado largo y difícil de pronunciar, y empezaron a usar abreviaturas que no me gustaban… Y mientras tanto, los que me conocían por el primer apodo, seguían usándolo. Un caos.

Y a todo esto se une madurar, estudios, búsqueda de empleo y demás. Necesitas una dirección de correo seria para los curricula, y para intercambiar con tus compañeros y profesores, para apuntarte a cursos y charlas… total, que acabas con dos direcciones de correo: una personal y otra profesional.

Últimamente, cualquiera que suela utilizar las redes sociales se habrá dado cuenta de que realmente, la privacidad no es tan importante. Evidentemente, hay fronteras que no hay que traspasar, pero las líneas son cada vez más borrosas. Lo que unos atesoran férreamente, otros lo divulgan alegremente. Surgen las dudas: ¿Es tan importante el anonimato en Internet? ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Con tanto ruido alrededor, alguien se va a fijar en mí? Y las ventajas: Es mucho más fácil relacionarte con las personas que te importan si en primer lugar permites a esas personas relacionarse contigo; antiguos amigos que se reencuentran en Facebook, familiares olvidados que se felicitan las fiestas, ex-compañeros de trabajo que se ofrecen empleos…

Y por último, y esto es lo más determinante, estoy cansado del anonimato en Internet, y creo que es uno de sus mayores males, como explica muy bien la imagen de Penny Arcade.

La gente se vuelve idiota cuando no se le puede hacer responsable de sus actos, o en el caso de Internet, de sus palabras. Es como esas películas del hombre invisible, en las que siempre se dedica a hacer la vida imposible a los demás, amparado por su… eso es, por su anonimato.

Estoy cansado de eso, y no quiero contribuir más a ello. Por eso, a partir de ahora lo firmaré todo con mi nombre, y aceptaré cualquier consecuencia derivada de ello. Bueno, realmente lo llevo haciendo ya un tiempo, pero ahora es oficial. Lo pone en un blog, así que es oficial :). Y sí, de ahí viene también en gran parte el usar mi dominio y mi nombre para este blog.

Así que ahora ya solo esbozo media sonrisa melancólica cuando veo The Matrix. Smith ha ganado: me llamo Javier. Javier Quintana. Honraré a mis antepasados y llevaré su apellido con orgullo. Etcétera.

Post Scriptum: Para los que me seguís llamando por alguno de mis antiguos apodos, sois libres de seguir haciéndolo, llamadme como más cómodo os resulte.