Preludio

La campaña empezó con un preludio. En él, jugamos con los antepasados de los personajes que acabábamos de crear. Como la historia se repite, eran simplemente versiones medievales de nuestros personajes, utilizando la misma hoja de personaje y un poco de lógica -¿conducir? eeeh… ¡cabalgar!-. Lamentablemente, los detalles se han perdido en el tiempo, nunca mejor dicho. Tened en cuenta que esto lo jugamos hace ya varios meses, y no llevé un registro detallado pero, a grandes rasgos, esto fue lo que aconteció en aquellos oscuros tiempos. Nuestros antepasados sellarían el destino de las generaciones venideras hasta… ¿quién sabe?

Todo empezó en el medievo, cerca de Jerusalén, la ciudad santa, históricamente dividida por la religión. En aquella época, los cruzados luchaban contra Saladino por hacerse con el poder de la región… y tal vez algo más. Nuestro grupo era de origen variopinto: un exorcista enviado por el Papa; Mateo, un monje de no recuerdo qué orden, enviado también por el Vaticano; Eduardo, el escriba y recaudador del señor de las tierras y Francisco, un timador de tres al cuarto, un charlatán que proclamaba quitar el mal de ojo de las brujas, y solventar los males que aquejaban a las cosechas y las hambrunas. A ése último lo recuerdo bien.

Se nos había encomendado la misión, a través de medios diferentes, de investigar los extraños hechos acontecidos en la región. Corrían rumores de extraños rituales paganos, aquelarres, brujería, demonios… Los ganaderos se quejaban al Señor de las tierras de que su ganado era atacado continuamente. Tal vez eran simples habladurías pero, en aquella época, no se dejaban ese tipo de cosas al azar, y era evidente que alguna mano negra andaba detrás de todo aquello.

Nuestras investigaciones rápidamente nos condujeron a un promontorio que los lugareños evitaban, en el que efectivamente, se había producido algún tipo de ritual. El cuerpo de una res había sido sacrificado, y extraños símbolos habían sido dibujados en el suelo. La experiencia de los monjes les hizo reconocer lo que verdaderamente eran, pero Francisco afirmaba que su origen era otro: “a fe mía que aquestos símbolos son de origen… eh… ¡babilónico! Sí, babilónico, les digo a vuesas mercedes. En una ocasión me enfrenté a una bruja babilónica que contra natura, hollaba estas tierras engañando a la muerte. Pero Dios quiso darme el coraje necesario para hacerle frente, y finalmente fue entregada a las autoridades para el juicio divino, que…”

Francisco relataba sus fabulosas hazañas sin cesar, provocando la confusión en las mentes de los enviados papales. Al fin y al cabo, parecía convencido de lo que decía, y ciertamente, sus hazañas eran conocidas en la región. Aunque su último intento de conjurar el “maleficio” que aquejaba las cosechas de la región, no parecía haber dado resultado. Pero él lo achacaba a fuerzas oscuras que, efectivamente, parecían existir, así que… se encogieron de hombros y aceptaron las explicaciones.

Todo apuntaba a que los responsables del ritual habían sido dos hermanos, maleantes y pendencieros, que no causaban simpatía entre las buenas gentes de la región. Eran buscalíos, promiscuos y practicantes reconocidos de la fornicación con mujeres de mala vida… Finalmente les encontramos, sí. Muertos, y apartados del camino cercano. Sus heridas parecían causadas por un animal, pero no había bestias tan enormes en la zona como para causar ese tipo de mutilaciones.

Dos caballeros templarios se acercaron para ver qué pasaba. Parecían contentos de que los causantes de tantos problemas no fueran a ocasionarlos más.

La investigación parecía avanzar a buen ritmo, e hicimos noche en un monasterio cercano, al que habíamos sido invitados. Tras una frugal cena con el abad, fuimos conducidos a nuestras espartanas celdas, donde dormiríamos. Cuando despertamos en maitines, nos condujeron a través de salas y pasillos hasta donde nos encontraríamos con el abad. Algo parecía raro, sobre todo cuando el pasillo de piedra por el que caminábamos, se cerró a nuestras espaldas.

Estábamos en una extraña sala, en la que varios hombres nos esperaban, formando un círculo en el que había varios huecos vacíos. Según nos informaron, eran para que los ocupáramos nosotros, parte de los elegidos. Se nos entregaron unas monedas para poder llevar a cabo el ritual y contemplamos horrorizados cómo nuestros captores se iban suicidando uno a uno, y esperaban que nosotros hiciéramos lo mismo. Obviamente, no estábamos de acuerdo, pero no importaba. El ritual había comenzado, la sangre había sido derramada, las monedas estaban en su sitio. Azazel, nos informaban, sería liberado.

Se produjo un combate a muerte, y la muerte les llegó a varios de los combatientes. Francisco decidió que no quería suicidarse, no quería combatir y definitivamente no quería estar cerca de ningún sitio en el que decían que iba a despertar un demonio, así que hizo gala de la mejor parte del valor: huyó. Encontró el mecanismo que abría el pasillo secreto y desapareció en la noche, junto a Eduardo.

El destino de los monjes fue más oscuro. Hallaron la muerte en aquella cámara, pero antes de descubrir el misterio que aguarda más allá, o desaparecer para siempre en el olvido, oyeron una voz. Esa voz les decía que no tenían que morir todavía, si no querían. Les embaucó, les hizo promesas, les inculcó el miedo a lo que había más allá de la muerte. No querían saber lo que había, les dijo. Ciertamente, no les aguardaba el Cielo, por muy religiosos que fueran, y menos aún después de lo que acababan de hacer. Su sangre ya formaba parte del ritual demoníaco, solo podían esperar la condenación… La duda se apoderó de sus almas, y finalmente…

Uno de ellos, el exorcista, se negó. Afrontaría lo que venía detrás, y ciertamente, no aceptaría lo que aquella voz le ofrecía. Su destino fue… incierto, como el de todas las almas que dejan este mundo. Creed lo que queráis creer.

Mateo, sin embargo, aceptó, y esto, seguramente, traería consecuencias. Consecuencias que hoy en día, todavía no han sido reveladas. No obstante, me ha dicho un pajarito que ha visto algo raro en una ficha de personaje…

2 comentarios sobre “Preludio”

  1. Cinco y media pasadas, por fin puedo ir a dormir. Este es el artículo que más me ha costado escribir hasta la fecha, y a punto he estado de mandarlo al diablo, nunca mejor dicho.

    Mañana me horrorizaré cuando lo lea, seguro :S

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