Elena busca una aventura

Ayer me llegó al móvil el sorprendente mensaje que veis. ¿Quién sería esta misteriosa Elena que me quiere pagar por tener una aventura conmigo? Raudo y veloz, me apresuré a enviar la palabra ELENA al 22757…

… eh, no. Ni de coña. Eso no va a pasar. Pero supongo que habrá un montón de gente que picará con esto, pensando que ha sido un afortunado error que cambiará su vida para siempre.

Cuando iba a borrar hoy el mensaje, he decidido investigar un poco el tema, así que me he dirigido a la web de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, en la que yendo a la Base de Datos de Numeración para Servicios SMS/MMS, e introduciendo «27757», obtengo que el número en cuestión pertenece a:

Y en el Censo de Operadores de 2009, podemos ver también el CIF de la empresa. Lamentablemente, el rastro se pierde aquí, el señor Google no me da más información de la misma.

Supongo que la señora Elena trabaja o incluso es la propietaria de la empresa, y recurre a su servicio para poder contactar conmigo. Lo digo porque según la Ley de Protección de Datos, aunque mi número de teléfono estuviera presente en algún listado público, que puede ser, si la empresa Decopremium S. L. quiere contactar conmigo tiene que «informar del origen de los datos y de la identidad del responsable del tratamiento», es decir, cómo han obtenido mis datos y quién contacta conmigo. Creo que también sería un detalle informarme del coste del mensaje, Elena, maja.

Pero bueno, tratándose de Elena, que está tan desesperada, se lo perdono. Pero claro, entonces también se lo tengo que perdonar a Sara, una enfermera separada joven muy guapa y se ve que ambas se han asociado también para sortear camisetas de Los Suaves, aunque esto último no lo tengo muy claro.

Elena, lo siento, nuestro amor es imposible. Tú no existes y yo no creo en ti.